Atemahawke
*FIGO
Figo desde niño había sido bien parecido, adaptado, y mas o menos simpático. Figo no necesitaba mas de la vida que lo que está le daba, y para demostrarlo, aunque casi sin planearlo, se casó acabando la carrera de caballero, con la chica bonita del pueblo llamada Ingrid Von Leberkase, y nada pudo haber alegrado más a los cuatro futuros abuelos. La boda estuvo bien planeada, con efiges de papel maché, peinados de concha, y banquetería de nivel estatal. Después de la celebración, y con los cocteles ayudando a silenciar el futuro, Figo y su mujer iban realmente dormidos mientras el caballo los introducia más y más en lo profundo del bosque.
De pronto lo despertó una intensa exclamación de su mujer:
¡Figo, mira!
Ofuscado por el alcohol, le tomó algo de tiempo explicarse lo que veía. A escasos veinte metros del camino había un árbol enorme con ventanas, y una puerta. Su esposa bajo del caballo, y corrió hacia la casa. Se acercó con cuidado de no parecer mal intencionada, y al asomarse vio el interior de una pequeña casa acogedora, donde unas criaturas peludas y adorables, con cuerpo de humano, axilas de perro y narices de codo de labrador reían y comían hojaldres bañados de miel, piñones, y pasas, mientras contaban historias alrededor de una chimenea-fogata. El frío arreciaba, y Figo no le pudo decir que no cuando su esposa le pidió que tocara la puerta. Las criaturas, cubiertas de un pelambre suave, y con cara como de pandas, los invitaron amablemente a sentarse y a beber un vino dulce con especias. Después de presentarse y platicar, los anfitriones sacaron una vela grasienta de una caja de palofierro, y le preguntaron a la pareja: “¿han jugado destinitos?”. “Si”, mintió Figo, mientras su esposa miraba fijamente la fina construcción de la caja.
“Bien!”, rieron, “¿Entonces no te importará que tu mujer apague la vela?”.
Figo, prefirió lucirse que preguntar, tomó por la muñeca a su mujer, y le pidió soplara a la vela. Su mujer obedeció y desapareció dejando caer la caja. De la caja salió una torre de ajedrez, un torito de botella de vino, y un frasco vacío de gotas para los ojos, mientras Figo recuperaba la sobriedad, las criaturas tomaron actitud de changos, y se reían frenéticamente mientras brincaban de mueble en mueble, gritándole a Figo que había sido una buena. “¿Una buena que?”, preguntó el caballero, ya completamente ensombrecido. El más chico de los tres, sin dejar de reír, tomó a Figo de una patilla con una fuerza sobrenatural, y lo arrastró hacia afuera de la casa.
Afuera, Figo vio que su corcel había desaparecido, y no era de noche mas. El día era tan caluroso que le secó la boca de inmediato. Uno de los peludos y extraños hombrecillos le dijo: “Figo realmente nosotros no te hicimos esto, ni te vamos a decir que lo hiciste tu mismo”, mientras tranquilo y sonriente le preparó su equipaje, explicándole: “Tarde o temprano tu vida cambiaría y que mejor que de una forma tan romántica”. Estallando en risas exclamaron: “¡eso! ¡eso! ¡esto!…..Es filosofía”.
Entonces muy emocionados le explicaron las reglas: “Tu mujer está en una torre, que está en el lomo de un toro… O en un toro que vive en una torre….. O en un toro de torres….. O en una torre de toros…. Tendrás que descubrirlo. Como todo buen juego tienes limite de tiempo, ya que el toro salió del océano y muy pronto regresará inevitablemente ahogándola. Nosotros te regalaremos este flamante unicornio, tu deber será buscarla” Figo montó su lánguido unicornio y le clavó lastimosas las espuelas, entre las costillas, forzándolo a correr en buscar de su mujer.
Continuara…
*HANSEL Y GRETEL
“Preferiria que nunca hubieras nacido”.
Así felicitó su madrastra a Gretel cuando cumplió 5 años. La madrastra, claro está, no era perfecta, pero cualquier conocido que la hubiera oido le habría dado por lo menos una parte de razón. A Gretel la consideraron una niña mala. Siempre mala. Desde que nació era muy notoria su maldad. Mientras las niñas de su edad jugaban con muñecas o a ser madres, Gretel hacía arder los establos de la gente que más necesitaba a sus animales. Ella tenía algo a su favor y eso era que nunca, nunca la descubrían. Debido a su hermosa sonrisa y sus penetrantes ojos rosas nadie podía castigarla. Culparla siempre pero jamas castigarla.
Después vino su hermano menor, Hansel.
Hansel siempre fue débil de cuerpo, mente y espíritu. Era un chico inocente y manipulable. Siempre hacia lo que su hermana le ordenaba. Así vivieron estos dos hermanos hasta que su madrastra convenció a el padre de estos chicos a abandonarlos en el bosque porque ya no había comida suficiente para todos.
Los dejaron en lo más profundo del bosque, diciéndoles que durmieran mientras ellos recogían leña. Los dejaron como se deja a un animal sin gracia. Después de algunos días de caminar tratando de encontrar su hogar, encontraron la acogedora casa de una panadera: La viuda de Barbosa.
La tierna señora era casi ciega y les ofreció adoptarlos. Ya tenía a un niño llamado Emilio, y donde comen dos comen cuatro, ¿no?. A Emilianito le encantaba la idea de tener con quien compartir su actividad favorita, la invención e investigación científica. Hansel y Gretel, agradecidos comieron hasta saciarse y celebraron a su llegada con cantos alrededor de la chimenea.
Parecía que había llegado felicidad al hogar de los Barbosa.
Desafortunadamente, en la noche Gretel se dejó llevar por su ira bien conocida. Se robó las joyas de la casa y la hizo arder (como en los viejos tiempos, se decía, nerviosa). Hansel no terminaba de gritar cuando Gretel lo tomó del cinturón para huir. Vagaron durante dos semanas y al llegar al primer pueblo que encontraron, inventaron una historia ridícula de una mujer que los trató de hacer pan dulce. El pueblo conmovido organizó una excursión para encontrar a la familia de la valiente niña. El coraje que sintió el padre y su mujer al verla se ablandó con las joyas, y los hermanos vivieron felizmente durante unos años, hasta que un incidente mal documentado dejó al papá en un hospital psiquiátrico, y a la madrastra en el bosque, muda.
*CHICLOSO
Nublada era una ciudad que había perdido la cuenta de sus habitantes. Era un mar de calles y callejones, cada uno con su olor y forma. Chicloso era un perro dueño de una cantina en el callejón más sombrío de la ciudad. Como el prestigiado empresario que era, tenía que vestirse acorde a su altura, y nunca fue visto sin botas vaqueras, tanga (que cambiaba de estampado cada día), joyas ostentosas, y su bien cuidada mohicana. A pesar de estos hábitos, Chicloso “Chiclo” para sus amigos era un buen perro.empresario, de esos que con solo sonreír, su lengua de fuera te hubiera sacado una sonrisa. Su carrera como bailarín era prometedora. Desde sus inicios en los clubes de danzón más sabrosos de la ciudad, los eruditos del baile le decían que no podían enseñarle nada nuevo. Era impresionante su forma de moverse. La gente se quedaba inmóvil frente a sus habilidades, especialmente cuando bajaba las escaleras haciendo pequeños giros, y desaparecía para aparecer arriba, y hacerlo todo otra vez.
Chicloso siempre se consideró un canino multifacético y esque podia estar furioso un instante, y al siguiente estar bailando sus cumbias favoritas. Claramente era, en su opinión y la de sus amigos y clientes, un artista. Su cantina nunca estaba vacía. Una de las particulares razones para esto eran sus raroz experimentos con ingredientes peligrosos y dificiles de conseguir. Cualquiera con la suerte de arreglarlo de buenas podía pedirle un paseo por la “cocina”, un laboratorio de punta para el desarrollo del arte de embriagar. La especialidad de Chiclo, fuera de la pista de baile, era el “Maxime”, la fuerte combinación de mezcal con axiote y melaza que hizo famosa a su cantina.
Chiclo, siempre perfeccionista, se preocupaba por que todo en la cantina saliera bien, y se enorgullecía de tener al personal más eficiente de toda Ciudad Nublada. Y eficiente era la palabra correcta, porque una sola mesera, un cantante, y Chiclo, tenían que tomar órdenes, embriagar y entretener a la clientela, cobrar, limpiar el piso, mobiliario y platería de una cantina de buen tamaño. Precisamente por esta escasez de manos le dolió bastante que su mesera se fuera sin decir adiós. Siempre había sido explosiva. Lo que lo confundió e indignó, fue la nota en papel bien doblado y tinta rosa que encontró en el escritorio de la oficina ese día:
“En un patrimonio de arrabal me condeno al hueco silecio si, de estatua perfecta silencio si, aburre el calendario, muerde, come televisiones familiares. Afuera el ruido caliente, un tráfico de dos pisos, los alacranes hechos hombre en la cara de mi ciudad. ¿Dejé morusas en el camino? ¿Cómo regreso? ¿Cómo apago esta noche si el oxígeno deliberado defiende mi alerta? Con las uñas encogidas dejo nata en lo ido, me clausuro la libertad por si el vuelo equivocado por si brota tu nombre en mis ojos y funda un reino en mi carácter. ¿Para qué tanta lentejuela en este mar de espejos? Apuesto a perderte, es la única forma de ganar… Gretel”.
*MORGAN
Morgan era el producto de una noche de copas entre un pulpo y un marinero de las costas frías o al menos esto era lo que las pantallas le habían dicho. Vivía en las inundadas partes de un barco encallado en el hielo del polo norte y la información que tenía de su pasado se limitaba a los televisores que le mostraban imágenes abstractas y sonidos místicos que para ella eran el pan de cada día. Todas las pantallas estaban colocadas alrededor del inundado barco. Le decían a esta criatura información sobre el mundo exterior.
Un día de marzo un niño llamado Vega entro al barco seducido por los cantos de la joven pulpo. Al verla moverse quedo encantado, entre sus cantos y la luz de las televisiones, se metió con ella al agua helada y la abrazo. El pequeño sobrevivió comiendo la lama que se hacía en todas partes. Así vivieron casi un año. Pasaban días enteros con el cielo nublado, viendo desde la ventana rota del camarote del capitán, como las ballenas salían a la superficie. Su vida se limitaba a cosas sencillas pero hermosas. Un día mientras desayunaban lama, preparándose para ver las auroras boreales, Morgan advirtió a su amiguito de una extraña carta que había recibido dentro de una perla, la cual narraba maravillas sobre el océano que ellos dos no conocían. Muy triste Vega le dijo que quería ir pero él era humano y no podía respirar bajo el agua.
La mujer pulpo, desesperada por la incertidumbre de no poder llevar a su mejor amigo, tomo una decisión. Mientras Vega dormía en su camarote. Lo anestesió con extracto de molusco rojo, le quitó un pulmón; lo cambio por uno suyo, (el cual podía respirar agua). El niño instantáneamente cambio de color y rayas verdes azules aparecieron en todo su cuerpo. Antes que despertara, aunque un poco debilitada, Morgan lo lanzó al agua y cuando Vega despertó ya estaban nadando entre tranquilas algas gigantes que se movían lentamente mientras los dos perdieron el miedo a dejar su antiguo hogar. Quizás era momento para que Morgan dejara de resolver los problemas de otros y solamente se dedicara a flotar entre el inmenso y desconocido océano.
*VAQUERO GALÁCTICO
Albino era un pueblo chico. Ahí había un tipo honesto que se dedicaba a arriar vacas. Le gustaba su trabajo, era bueno para su trabajo, y su trabajo le daba para cuidar a su familia. A las vacas no les pudo haber tocado mejor arriero, porque este arriero se consideraba un artitsta del arriaje. A este arriero le llamaban no por su nombre, sino por su oficio, y una vez, cuando le preguntaron “¿Cómo te llamas?” contestó “Arriero”, y le gustó. Arriero desenvolvía su vida en Albino, cuidando a su familia, cuidando a sus amigos, y cuidando a sus familiares. El papá de Arriero había sido arriero, y su mamá, por lógica, esposa de arriero. Sus hijos, hijos de arriero se convertirían algun día en arrieros y se casarían con esposas de arrieros. A cualquiera que no fuera de ahí le pareceria monótono, pero a Arriero le gustaba verlo como su inmortalidad. Así habia sido desde siglos atrás, asi era ahora, y así seguiría siendo. En cada generación el arriero había perfeccionado la técnica de arriar. En estos dias, Arriero había llegado a un método que a juzgar por él, no tenía rival, y si lo tenía, A Arriero no le interesaba. Todos los dias Arriero alimentaba a sus vacas con la pastura más fresca y cariñosamente cortada. Después de una ligera caminata para diferir el desayuno, arriero las llevó a cepillar, antes de hacerles pruebas de sangre para detectar la presencia de bilis y asegurar la presencia de endorfinas, es decir, les hacía pruebas de felicidad.
Después de la comida por lo general las invitaba a la sala, a escuchar la fonola, tocar mítria, o jugar juegos de mesa que habían estado siempre en el baúl. Arriero se despertaba al amanecer, a tiempo para estar rasurado casi todos los dias excepto cuando eran fechas especiales, y esta vez se trataba de su cumpleaños. Al rasurarse a la luz del sol, Arriero pensaba acerca de su vida. Invariablemente le gustaba lo que encontraba al pensar. Todo tenía función y sentido. Se le venían a la mente imágenes de sus dos hijos en la pianola, su esposa en el violín y su hija con una guitarra vaquera. Aunque solo lo imaginaba, estaba seguro de que el niño que su esposa llevaba en el vientre lo acompañaban cantos inaudibles pero existentes. Su teoría le provocó una sonrisa, que se corto con la navaja. Mientras cortaba un trozo de papel para parchar su error, entraron al cuarto en fila india entonando las mañanitas, la esposa del arriero pesadamente embarazada y sus tres hijos, seguidos por la madre de Arriero presentando un pastel de tres niveles un poco chueco, con tres velas delgadas y largas, y otras dos mas que le resultaron un poco extrañas. Arriero abrazó a su mujer y le dio un beso en la frente a su mamá antes de sentarse a soplar las velas. Inhaló profundamente con sus pulmones de campo y sopló con fuerza para no tener que hacerlo dos veces.
Las tres velas largas se apagaron inmediatamente, pero las dos extrañas se negaban rotundamente a apagarse. Cuando ya le empezaba a faltar oxígeno, las dos velas se apagaron de repente, sin humo, sin brasa, sin nada. Cuando volteó a su alrededor, medio mareado pero orgulloso de su fuerza, se encontraba totalmente solo. Ni una señal de la fiesta que había sucedido ahí hacía segundos. Arriero confundido busco primero en el cuarto, luego en la casa, luego en el rancho, y luego de nuevo en la casa. Solo las vacas y su gato estaban ahí. Se sentó en un tronco caído, y su desesperacion era silenciosa porque no había a quién decírsela. Después de una horas, habiéndose olvidado de darle a las vacas de comer, llegó a la conclusión de que esto tenía que ver con las sucias velas (si realmente eran velas) que no se habían querido dejar apagar. ¿De dónde habían salido estas velas? De seguro su mamá las había obtenido de las tres criaturas peludas y risueñas con las que la había visto hacia unos dias. ¿Quiénes eran estas criaturas? ¿Qué eran? De seguro si las encontraba a ellas encontraría a su familia.
En la noche, después de haber alimentado a las vacas con pastura reseca y de mala forma, se acostó solo, con frío, y con su desesperación. Al día siguiente, sin haber dormido, y sin haberse rasurado, llevó a cabo su trabajo, distraido, esperando a su familia de regreso, entumido de miedo y desesperación, Así se acostó, y así se levantó, sin dormir, a hacer lo mismo el díasiguiente. Pasaron tres, cuatro dias. Meses y años. Siguió valiente, con lo poco que quedaba de su vida, esperando que todo volviera a la normalidad. A veces tenía la sensación de que todo había sido una pesadilla, que si se concentraba lo suficiente se podría despertar y ver a su familia. Pero esto era, por supuesto, la respuesta normal de una mente atrofiada por la soledad…
Como no se había rasurado, no había tenido necesidad de verse al espejo. Un día de primavera, harto de huisapoles que le plagaban la barba, decidió rasurarse. Cuando terminó no pudo quitar los ojos del espejo. Lo que vio lo asustó. Vio un hombre acabado y chamagoso. Este no era él, y no podía permitirse ser el. Se desnudó, llevaba años sin lavar su ropa, y se metió a la tina vacía y dejo de prohibirse llorar mientras abría la llave del agua fría serena. Cerró los ojos y metió la cabeza al agua helada. Al sacar la cabeza del agua y abrir los ojos, quedó paralizado al ver una mujer con tentáculos en lugar de piernas, parada en su tina, vomitando tinta con cara de desesperación. En un impulso de pánico Arriero brincó de la tina y cayó boca abajo en el piso del baño. Cuando volteó su cara entintada, estaba otra vez, completamente solo. Esto había sido realidad o una alucinación muy convincente, porque la tina seguía llena de una tinta obscura.
Cuando superó el asco y metió el brazo para quitar el tapón de la tina, se dio cuenta que en la tina se revelaban instrucciones detalladas para construir un tipo de transporte. Las instrucciones, en español, indicaban que se necesitaban por lo menos 7 personas para construir lo que fuera que describían. Como no había nadie en el pueblo fantasma, y la gasolinera hacía mucho se le había acabado la gasolina, decidió enseñarle a las 6 vacas más inteligentes a leer, a hacer operaciones matemáicas básicas, y a manejar herramientas con el hocico.
Entre los siete construyeron este ambicioso transporte. Le adaptaron turbinas de tambo a la casa que construyó cuando hacia mucho tiempo. Construyeron controles con instrumentos de granja, y reforzaron las ventanas como las instrucciones mandaban. Un día, después de mucho tiempo empleado en este proyecto, las vacas ingeniero lo despidieron deseandolse suerte con su español quebrado, mientras las plantas de una casa de rancho flotaban sobre el pueblo vacío. Desde adentro, tras una ventana reforzada, él y su gato se despedían de ellas y se preparaban para una aventura que podía terminar en una explosión inmediata, o un viaje interplanetario. Así, nerviosos, pero sin poder dar marcha atrás, ascendieron hasta salir de vista.
*FLAMBI
Flambi es un proyecto caprichoso, concebido por una de las mas grandes mentes científicas de Ciudad Nublada. Este hombre quería un ayudante, pero no quería uno común y corriente. Diseñaría algo que le recordara el oficio de su madre y algo que se moviera por medio de impulsos electrónicos. El resultado fué Flambi, un panque con extermidades robóticas diseñadas para moverse al ritmo de la música y llevar y traer cosas de hasta diez kilogramos. A Flambi y su conciencia choco-chip le gustaba su existencia. Cuando le preguntaban que qué era, contestaba emocionado: ¡Mandadero y bailarin!, Flambi era por naturaleza curioso pero no tenia ningun problema en seguir obedeciendo las ordenes de su amo graciosamente mientras llevaba y traía aparatos.
El desorden en la vida de este curioso panque surgió cuando el doctor escribía cómo le hacia falta un corazón para su creación más importante. Flambi quedo extasiado con esta palabra “¿Para qué funciona?, ¿Yo podria tener uno?, ¿Qué será tan importante de este órgano?” Todas estas dudas iban y venían en la mente-nuez de la curiosa criatura hecha de harina, metal y azúcar.
Un día, al cargar un zapato, no pudo más, y con una sonrisa nerviosa le pregunto a su amo: “¿Qué es un corazón?” El doctor, irritado, le dijo: “Tu no tienes, no necesitas y nunca tendrás corazón, y tienes prohibido preguntarlo de nuevo”. Hasta Flambi tenía su dignidad, y le enojaba no haberse merecido una respuesta. Cuando el Doctor le pidió el otro zapato, a Flambi le dió tanto coraje que se arranco su luneta azul. El Doctor tenía suerte de no haber diseñado un panqué más poderoso.
No fué sino hasta una semana después cuando llegó el doctor con cara de felicidad y un objeto especial: un corazón en una funda de almohada. Flambi pretendía que todo seguía normal pero asombrado observaba cada uno de los movimientos del doctor, mientras trabajaba en su proyecto más celado: La Dama. El Doctor, sintiéndose observado le ordenó a Flambi que se fuera a limpiar el baño. Mientras el esclavo de harina desconsolado cepillaba los azulejos detrás del lavabo, después de horas de impotencia, salió un tentáculo de la tina, y le tocó el hombro. Flambi no tuvo tiempo de asustarse antes de empezar a bailar al ritmo del canto de la mujer pulpo. El robot de repostería bailó mientras la mujer pulpo se arrastraba hacia el laboratorio del Doctor. Cuando escuchó el silenció horrible, seguido de un grito peor, Flambi corrió, tan rápido como sus resortes que funcionaban como piernas lo permitían. Lo que vió es difícil de describir. Una mujer pulpo apoyada en sus manos, con los tentáculos en el aire, con el corazón de la funda en la boca, y un tentáculo sosteniendo cada ojo del doctor. El doctor, confundido y gritando, buscaba la mano de “La Dama” acostada, sin ser terminada, en la plancha fría del laboratorio. La escena quedaría para siempre sellada en el alma de crema del panqué. Nunca odió realmente al Doctor. Paso sus corajes, pero lo quería, y nunca lo habría dañado. El buen Doctor no merecía esto. Mientras la mujer pulpo se arrastraba a la tina, Flambi se acercaba al doctor a consolarlo, y ayudarlo. El inventor hijo de una panadera, recargado en la mesa, con la mano de la Dama en la suya, sacó una navaja de su bolsillo, y con las manos temblorosas se cortó la garganta. Flambi trató de evitarlo, pero no tenía la fuerza, y soló pudo quitarle la navaja cuando ya no tenía caso.
Enojado, corrió al corazón que había dejado caer la mujer pulpo al salir, y lo hizo trizas. Cuando el robot vió lo que tenía en las manos, no pudo pensar en otra cosa más que en huir. Armándose de valor y cobardia, corrió con sus eléctricas patitas hasta la calle, cruzó sin fijarse que casi lo atropellaban y exhausto llego a un callejón donde penso que estaría a salvo. ¿A salvo de qué? Llorando escandalostamente se enterró el trocito de corazón en lo más profundo de su interior de panque e inexplicablemente comenzó a latir. Cuando recuperó el aliento estaba bailando al lado de un basurero pues escuchaba la música que provenía de una puerta sucia y pateada. De esta salió un perro en tanga, y dijo las palabras más gloriosas que Flambi había escuchado: “¡Caray! Tu si que tienes el corazón de un bailarín… ¡Estas contratado!”
*EMILIANO
La infancia de Emliano Barbosa dio un giro terrible cuando un incendio le arrebato a su madre. Se había quedado dormido en el sótano estudiando sus tablas astronómicas y cuando lo despertó el sopor del monóxido de carbono, su casa era una montaña de cenizas, donde nunca encontraron los cuerpos ni de su mamá ni de los dos invitados que había esa noche. Cuando cubierto de cenizas llegó a pedir ayuda al pueblo más cercano, tuvo la impresión de que las personas de ahí, que no conocía, le guardaban rencor. Afortunadamente el pueblo tenía un teléfono público, de donde pudo llamar a su tía que lo adopto.
Su tía vivía en Ciudad Nublada, y era la dueña de una funeraria prestigiosa, en una mansión antigua donde solo las personas más reconocidas podían hacer sus servicios funerarios. En cuanto Emiliano recuperó las fuerzas, y como parte de la familia, comenzó a ayudar en el área de arreglo, la pareció un trabajo fantástico. Para una persona con sus inclinaciones científicas era un deleite poder trabajar con tantos cadáveres, y descubrir de primera mano la formación tan elegante de las venas que corrían por sus clientes, y por el resto del mundo.
Así, mientras se ganaba una vida cómoda, estudiaba medicina y muy pronto llego a ser el mejor embalzamador de Nublada, y tampoco era un mal doctor. Más de una vez evitó que enterraran a personas que no habían muerto, sino que sufrían de formas exóticas de catatonia. Al pasar de los años, habiendo perfeccionado su arte, decidió adentrarse en su otra pasión: la de inventor. Ocultándoselo a su vieja tía empezó a tomar partes que nadie extrañaría. Un brazo aquí, una cadera acá. Lo que estaba formando, aunque el sabía que no estaba bien, era demasiado importante para dejarlo: ¿Podría armar una persona completa? Echó una moneda al aire, para decidir si debería hacerla hombre o mujer, y cuando cayó la moneda, quedó decidido. El Doctor Emiliano Barbosa dedicaría su tiempo y experiencia a crear a La Dama. Al Doctor lo descubrieron poco antes de poder terminar su creación , y sin tener idea si funcionaría. Su tía, que lo quería, no llamo a la policía, pero si le prohibió volver a acercarse a la funeraria, y esto obligo al doctor a trabajar clandestinamente y en condiciones menos que ideales, en un laboratorio armado de manera informal en una cochera rentada.
La mujer armada estaba dentro de una tina con hielos y medusas eléctricas que mantenían el agua en condiciones exactas. No pudo contener su emoción mientras se acercaba a insertar el corazón, y tuvo que contener el aliento. Trató de librarse de cualquier distracción pues sabía que su propio corazón no podía soportar emociones demasiado fuertes, y decidió descansar un poco. El doctor se quedó dormido con el corazón en la mano, y de pronto lo despertaron coros que nunca había escuchado antes, sólo vio dos tentáculos que iban a su cara.
*VEGA
El show de Vega comienza a las doce en punto, y usualmente un minuto antes de las diez, el lugar esta a reventar. Vega sabe que Chiclo, su patrón no le tiene confianza, pero que lo necesita porque llena la cantina. En las mesas de primera fila siempre están los gatos mas influyentes de ciudad nublada. A las 11:59 cae un silencio pesado en la cantina, y a la media noche se abren las viejas cortinas del escenario.
Damas y caballeros: ¡Vega!.
El reflector se centra en un niño de complexión delgada que se viste de gato.
El disfraz no es nuevo, para quien no lo ha visto antes, es asqueroso. El peluche grasoso le cubre solo hasta los codos y las rodillas, y se nota que la intención nunca fue hacerlo parecer realmente felino.
A primera impresión, Vega inspira lastima. Cuando su acordeón-batería-silbato-harmónica empieza a moverse, inspira nervios y confusión.
Segundos después el instrumento-invento empieza a rugir, la música que emite, empieza por inspirar al público y termina por hipnotizarlo. Quien no queda encandilado con la música se pierde con los mezcales que sirve la coqueta Gretel que con sus dulces y rosas ojos domina a los gatitos y ligeramente les examina su cartera. Gretel saca un par de billetes, y regresa la cartera.
Cuando termina la función, y unas horas después de cerrar, se sientan Gretel y Vega a contar las ganancias. Vega siempre voltea a su ventanita redonda y observa la torre inclinada de donde en ocasiones sale agua a borbotones. Siempre que voltea a la torre, esta realmente maquinando robarle a Chiclo su personalidad y encanto. Mientras, le hace creer a Gretel que la escucha. Gretel prende su cigarro largo y le dice a Vega cuanto quiere dejar de fumar y de hacer el mal. Le dice lo harta que esta de su trabajo. Esa noche llamo su atención que la triste chica empezó a llorar en el lavabo diciendo que estaba cansada de hacer el mal.
-me siento tan vacía.
Vega trato de tocar una canción que la confortara, pero la tristeza de Gretel era demasiada, y los fantasmas que la acechaban eran muchos, de pronto Gretel cuestiono a Vega:
-¿Que es lo que siempre ves por la ventana? Vega molesto la ignoro, y se quedo mirando fijamente al piso 113.
Gretel se asomo y miro también al edificio, como hipnotizada salió del camerino. A Vega le intereso poco que Gretel no se abrigara al salir. Gretel corrió en el frió y sintió con algo de cariño (!) la escoria que amortiguaba sus pasos. Paso por el camino una camioneta de doble cabina, al detenerse le preguntaron:
-¿Cuánto?.
Gretel acostumbrada a esto, y lo ignoro.
Cuando llego al edificio que Vega no dejaba de observar, se sorprendió ligeramente al no saber que hacia ahí. Subió unos pisos por el ascensor medio inundado, y mientras la caja metálica la llevaba al piso 113 sintió una paz muy peculiar, su corazón comenzó a latir suavemente y la música que salía de la vieja bocina en el elevador le hace el viaje ameno. Salió del ascensor en el piso planeado, y entre el agua que corría por sus pies se encontró con la puerta de un departamento. Sus impulsos la llevaban hacia el interior, pero la puerta estaba cerrada con llave. Rompió una pequeña ventana que había en la puerta para abrirla por dentro y se cortó al estirar el brazo. Una vez adentro con el agua hasta las rodillas busco el baño, no tuvo que prender la luz porque el baño se iluminaba con la luz de una vela.
-Te tardaste- dijo Morgan.
-Lo sé- contestó Gretel mientras se hincaba junto a la tina, se bajo un tirante de la blusa. Morgan prendió un cerillo y lo puso en el interior de un frasco de mayonesa bien limpio. Con el cerillo todavía prendido, y con cuidado de no quemarla, le acomodo la boca del frasco en el centro del pecho y lo movió hacia la izquierda. El cerillo consumió el oxigeno entre el frasco y Gretel, pero no se apagó, sino que continuo succionando. Del pecho de Gretel exploto una torrente de sangre, seguido por su corazón sorprendente mente pequeño . Morgan deposito una semilla de mostaza en el orificio que le quedo a Gretel en el pecho y cerro cuidadosamente el frasco . Gretel tomo entre sus brazos a Morgan, porque, aunque sensuales los tentáculos no le servían para caminar.
Antes de salir del departamento, Morgan le pidió a Gretel que la llevara a la recamara. Morgan abrió el frasco y vació el contenido dentro de la funda de una almohada.
A su salida el sol comenzó a salir.
-¿Quien vive ahí?, pregunto Gretel mientras caminaban al río.
-No sé…-
Llegaron a un muelle donde se despidieron y Gretel la dejo caer en el agua tranquila. Moviéndose con gracia , se alejo Morgan mientras que Gretel comenzó a llorar con una sonrisa de paz
Sus lagrimas hicieron germinar a la semilla que llevaba dentro y salieron de sus ojos y de todos los poros de su cuerpo curiosas raíces que se enraizaron firmemente en el muelle.